Ciudad de México, a 11 de marzo de 2026.- La Cámara de Diputados rechazó la propuesta de reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum, luego de que el proyecto no lograra reunir la mayoría calificada requerida para modificar la Constitución. Durante la votación en el pleno de San Lázaro, la iniciativa obtuvo 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención, cifra insuficiente para alcanzar los 334 votos necesarios para aprobar el cambio constitucional.
El resultado evidenció divisiones dentro del bloque que habitualmente respalda al oficialismo. Los partidos de oposición —PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano— votaron en contra de la iniciativa, pero también lo hicieron los partidos aliados de Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), lo que terminó por frenar la aprobación de la reforma electoral.
La reforma impulsada por el Ejecutivo planteaba ajustes al modelo electoral mexicano, entre ellos cambios en la integración del Congreso, modificaciones al sistema de representación proporcional y medidas orientadas a reducir los costos del sistema electoral. También incluía ajustes en el financiamiento público de los partidos políticos y en diversos aspectos de la organización de los procesos electorales.
Tras el rechazo de la iniciativa, Morena anunció que impulsará un “Plan B” legislativo para intentar avanzar en cambios al sistema electoral mediante modificaciones a leyes secundarias u otras iniciativas que no requieran mayoría constitucional. La bancada oficialista adelantó que continuará promoviendo ajustes que, a su juicio, permitan modernizar el sistema electoral del país.
PT explica su voto en contra
El coordinador del Partido del Trabajo en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval, explicó que su bancada decidió rechazar la propuesta al considerar que algunos de sus planteamientos podían generar desequilibrios en la representación política del país.
Sandoval sostuvo que el modelo planteado podría provocar una sobrerrepresentación de entidades con mayor población, lo que —según su postura— terminaría afectando la representación de estados con menor densidad electoral dentro del Congreso de la Unión.
El rechazo de la reforma electoral representa un revés político para el gobierno federal, ya que se trataba de una de las propuestas legislativas más relevantes en materia político-electoral. El resultado en la Cámara de Diputados también reflejó fracturas entre los partidos que integran la coalición legislativa cercana al oficialismo, lo que anticipa un escenario de negociación más complejo para futuras reformas constitucionales.




