Por Melisa Herrera
CANCÚN, Q. Roo, a 23 de abril de 2026.— Daños graves a restos humanos y fauna pleistocénica fueron detectados dentro del Hoyo Negro, en Tulum, tras el ingreso irregular de buzos a una zona arqueológica subacuática restringida.
La denuncia fue realizada por los espeleobuzos Alejandro Álvarez y Adalberto Nava, integrantes del Proyecto Espeleológico Tulum (PET) y participantes en el hallazgo del esqueleto de Naia en 2007, quienes documentaron afectaciones durante labores científicas realizadas para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Informaron que los investigadores documentaron la irrupción de cinco buzos extranjeros, procedentes de Brasil, ignoraron deliberadamente señalizaciones oficiales que prohíben el acceso al sitio.
Sin guía, sin control y con evidente falta de capacidad técnica, descendieron hasta el fondo del pozo, alterando de manera irreversible un delicado sedimento que resguardaba evidencia clave sobre los primeros habitantes del continente, dijeron.
Fin de la evidencia milenaria
Lo anterior generó la destrucción de restos humanos y fauna pleistocénica con más de 20 mil años de antigüedad dentro de Hoyo Negro, considerado el sitio arqueológico subacuático más importante de la Península de Yucatán.
Un esqueleto de puma de aproximadamente 15 mil años fue volteado y sufrió la fractura total de sus colmillos; un oso prehistórico —especie incluso desconocida en la región— fue desplazado y manipulado, comprometiendo su valor científico, detalló.
Señaló que estas acciones destruyeron información irrecuperable sobre el pasado remoto de la humanidad y los ecosistemas del Pleistoceno.
El responsable identificado del grupo, Lucas Costa Dos Santos, habría ingresado al sitio sin autorización y sin respetar las normas establecidas por las autoridades mexicanas. Además, se detectó que el grupo no contaba con guía local y se encontraba vinculado a una operación turística informal, evidenciando una falla grave en la supervisión y regulación de estas actividades.
Por su lado, Alejandro Álvarez advirtió que esta no es una situación aislada. En repetidas ocasiones, equipos no capacitados han accedido ilegalmente a cuevas protegidas, poniendo en riesgo no solo su propia seguridad, sino también un patrimonio único en el mundo.
Por ello, exigieron una respuesta firme por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia, así como la colaboración urgente de autoridades locales, centros de buceo, prestadores de servicios turísticos y la comunidad en general.




