CANCÚN, Q. Roo., a 25 de agosto de 2026.- Detrás de las imágenes de monos vestidos, cargados o exhibidos como animales de compañía existe una cadena de violencia. La Profepa lanzó la campaña “Los monos no son mascotas” y reveló un dato alarmante: por cada primate vendido, al menos otros tres fueron asesinados durante su captura y extracción de las selvas mexicanas.
México cuenta con tres especies de primates: el mono araña, el mono aullador negro y el mono aullador de manto. Todas están en peligro de extinción y habitan principalmente en Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Oaxaca. Estos animales dispersan semillas y ayudan a mantener el equilibrio de los bosques tropicales.
Madres asesinadas y crías dentro de maletas
La pesadilla comienza cuando los traficantes atacan a las madres para arrebatarles a sus crías, que viajan sujetas a sus cuerpos. Muchas hembras mueren por disparos, mientras que algunos bebés caen desde los árboles, quedan aplastados o fallecen antes de abandonar su hábitat.
Los sobrevivientes terminan hacinados en cajas de plástico o maletas perforadas, sin alimento ni agua suficiente. Durante el traslado sufren miedo, lesiones, fracturas, infecciones y desnutrición. Quienes llegan a una vivienda pueden desarrollar comportamientos asociados con el trauma, como gritar, morderse o arrancarse el pelo.
Tener un mono también representa un peligro
La Profepa advirtió que criar un primate en cautiverio no elimina su naturaleza silvestre. Cuando alcanzan la edad adulta pueden resultar difíciles de controlar y representar un riesgo para personas y otros animales. Sus mordeduras pueden causar heridas graves, mientras que algunas enfermedades infecciosas pueden transmitirse entre humanos y monos.
Un delito que puede llevar a prisión
Entre 2019 y 2026, la Profepa aseguró 137 ejemplares: 96 monos araña, 24 monos saraguato y 17 monos aulladores. Comprar, vender o extraer primates constituye un delito que puede castigarse con penas de uno a nueve años de prisión. El llamado es directo: no comprarlos, regalarlos ni tenerlos en casa y denunciar su tráfico, porque sin compradores se rompe esta cadena de maltrato y muerte.





