Por Melisa Herrera
PLAYA DEL CARMEN, Q. Roo, a 15 de septiembre de 2026.— La Quinta Avenida se está quedando con sillas vacías. Varios restaurantes bajaron la cortina en el andador que, junto con los hoteles, mueve la economía de Playa del Carmen, y septiembre heredó un verano flojo que el sargazo hizo más largo. Este año, el golpe se siente más que en otros: ya no hay esos ríos de gente que recorrían la calle como si fuera playa.
Roberto Lepe, presidente en Playa del Carmen de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), extraña el brillo de cuando caminabas y los locales te recibían con los brazos abiertos, con menús de todos los colores. Ahora, la afluencia es flaca y el motor tose. Aunque el destino siempre ha vivido de temporadas altas y bajas, esta vez la baja se le fue de las manos.
Miran al fin de año como salvavidas
La esperanza la ponen en las cadenas que ya olfatean local. Hay interés de varias marcas por abrir sucursal en la Quinta Avenida a finales de 2026 o a inicios de 2027, a ver si el andador recupera el paso cuando el alga afloje y el invierno traiga otra vez maletas. Mientras tanto, la peatonal sigue siendo peatonal, solo que con menos quien pise y menos quien sirva.
El cierre no es un capricho de un solo local; es el termómetro de una ciudad que come de lo que pasa frente al mar. Si la playa se pone café y el hotel se queda a media casa, la Quinta siente el hambre primero: meseros con menos turnos, terrazas sin reserva y esa extraña calma que, en un andador turístico, no se celebra, se padece.
Canirac sostiene que el corredor puede recuperar el pulso si llega producto nuevo y si el visitante deja de medir Playa solo por la toalla. El fin de año se vuelve la apuesta: o las cadenas estrenan y arrastran gente, o la Quinta seguirá ensayando el silencio entre un local cerrado y otro que aguanta con la luz prendida a medias.




