Por Staff
La cooperación bilateral entre México y Estados Unidos en materia de seguridad ha generado resultados más efectivos contra el narcotráfico que cualquier amenaza unilateral o acción militar, coinciden analistas estadounidenses. La reducción en el tráfico de fentanilo y las dificultades crecientes de los cárteles para acceder a precursores químicos son señaladas como efectos directos de esta estrategia conjunta.
Este escenario ocurre en paralelo al fortalecimiento de la estrategia del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, que ha intensificado las operaciones contra las redes del crimen organizado y ampliado la coordinación con agencias estadounidenses. En este esfuerzo destaca el papel del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, en el impulso a las capacidades de inteligencia, investigación y desarticulación de estructuras criminales.
De acuerdo con datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), las incautaciones mensuales promedio de fentanilo pasaron de 771 kilogramos en 2024 a 338 kilogramos en 2025, lo que representa una disminución superior al 50 por ciento. Este descenso es atribuido a acciones coordinadas de interdicción, control fronterizo y combate a insumos químicos.
Golpe a la cadena de suministro
El Informe de Amenazas 2025 de la DEA advierte que los productores de fentanilo en México enfrentan crecientes dificultades para obtener precursores químicos, lo que ha impactado directamente en la cadena de suministro de las organizaciones criminales y ha reducido su capacidad de producción y tráfico hacia Estados Unidos.
En este contexto, los excongresistas estadounidenses Christopher Shays y Richard Swett advirtieron en una columna publicada en The Hill que una eventual acción militar de Estados Unidos en territorio mexicano sería un error estratégico y político, al no atacar las causas estructurales del narcotráfico y poner en riesgo la cooperación bilateral.
Los analistas recordaron que Donald Trump utilizó un argumento similar contra Venezuela, bajo la premisa de que una intervención reduciría el flujo de drogas hacia Estados Unidos. Sin embargo, señalaron que dichas amenazas no lograron disminuir el consumo interno ni desmantelar las redes criminales transnacionales.
Shays y Swett subrayaron que el narcotráfico se sostiene por dos factores que se originan en territorio estadounidense: la elevada demanda de drogas y el constante flujo de armas de fabricación estadounidense hacia México, elementos que siguen alimentando la violencia y el poder de los cárteles.



