WASHINGTON, EU., 25 de marzo de 2026.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, integró a Mark Zuckerberg, CEO de Meta, y a Sergey Brin, cofundador de Google, al Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología del Presidente (PCAST, por sus siglas en inglés), un organismo que tendrá peso en la definición de la estrategia estadounidense sobre inteligencia artificial, innovación y competitividad tecnológica.
La incorporación de ambos ejecutivos coloca a dos de los nombres más influyentes de Silicon Valley dentro del grupo encargado de ofrecer recomendaciones directas a la Casa Blanca en temas científicos y tecnológicos, en un momento en que Washington busca acelerar su posicionamiento frente a China en la carrera global por la IA.
El Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología de Estados Unidos es un órgano consultivo de alto nivel que brinda orientación al presidente sobre asuntos vinculados con la ciencia, la tecnología, la educación, la innovación industrial y la seguridad nacional. Su función principal es traducir avances técnicos y científicos en recomendaciones de política pública para la administración federal.
¿Qué es el Consejo?
En la práctica, el consejo analiza el impacto de las tecnologías emergentes sobre la economía, la productividad, la defensa, el empleo y la infraestructura crítica. También puede sugerir prioridades de inversión, cambios regulatorios y rutas de colaboración entre el gobierno, la academia y el sector privado.
Los miembros del consejo no operan como funcionarios ejecutivos, pero sí tienen un papel estratégico: asesoran, evalúan escenarios, elaboran recomendaciones y ayudan a delinear la agenda tecnológica de la presidencia. Entre sus tareas están revisar riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial, el desarrollo de semiconductores, la innovación energética, la ciberseguridad y la investigación científica aplicada.
En este contexto, la participación de Zuckerberg y Brin cobra relevancia porque ambos representan a compañías que han marcado el desarrollo reciente de la IA generativa, la infraestructura digital y el ecosistema global de datos, sectores que hoy están en el centro de la discusión sobre regulación, soberanía tecnológica y crecimiento económico.
Quiénes integran el consejo
Además de Mark Zuckerberg y Sergey Brin, el grupo incluye a otros referentes del sector tecnológico, empresarial y científico, entre ellos:
- Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia
- Larry Ellison, presidente ejecutivo de Oracle
- Lisa Su, directora ejecutiva de AMD
- Michael Dell, fundador y CEO de Dell Technologies
- Safra Catz, CEO de Oracle
- Bob Mumgaard, director ejecutivo de Commonwealth Fusion Systems
- Marc Andreessen, inversionista y cofundador de Andreessen Horowitz
- Fred Ehrsam, cofundador de Coinbase
De acuerdo con reportes periodísticos, el consejo arrancará con una lista inicial de 13 integrantes, aunque el grupo podría ampliarse conforme avance la agenda de trabajo de la administración.
La conducción del organismo estará a cargo de David Sacks, designado como asesor especial en inteligencia artificial y criptomonedas, así como de Michael Kratsios, quien funge como uno de los principales operadores de la agenda tecnológica de la Casa Blanca. Ambos tendrán la tarea de articular la visión del gobierno con las recomendaciones de los líderes del sector privado.
La apuesta del gobierno estadounidense apunta a construir una hoja de ruta que combine innovación, seguridad y liderazgo económico, con la inteligencia artificial como eje de la siguiente fase de crecimiento industrial y geopolítico de Estados Unidos.
IA, negocios y poder
El nombramiento de Zuckerberg y Brin no sólo tiene una lectura tecnológica, sino también económica. La presencia de estos empresarios dentro del Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología confirma que la disputa por el liderazgo en IA, chips, plataformas digitales y nuevas infraestructuras de cómputo será uno de los frentes centrales de la política pública estadounidense en los próximos años.
Para el sector negocios, el movimiento anticipa una relación más estrecha entre la Casa Blanca y las grandes firmas tecnológicas, con implicaciones directas para la inversión, la regulación y el rumbo de industrias estratégicas que hoy redefinen el mercado global.




