CANCÚN, Q. Roo., a 30 de septiembre de 2026.- El agua residual en México representa una oportunidad para ampliar la disponibilidad del recurso mediante su tratamiento y reúso, sostiene Humberto Armenta González, presidente del Consejo de Administración de RECSA. Frente a las necesidades de saneamiento del país, el directivo plantea una visión que incorpore el aprovechamiento del agua después de su utilización: “El agua residual no debe entenderse únicamente como un desecho que debemos sanear, sino como un recurso que, con la infraestructura adecuada, puede volver a generar valor”.
La dimensión del reto se refleja en las cifras de Conagua correspondientes a 2024, recogidas en el Primer Informe de Gobierno 2024-2025: México contó con 2,899 plantas municipales de tratamiento en operación, que procesaron aproximadamente 143.8 metros cúbicos por segundo, frente a un caudal recolectado de 211.2 metros cúbicos por segundo. La cobertura fue de 68.1%, por lo que 31.9% quedó sin tratamiento, equivalente a unos 67.4 metros cúbicos por segundo. Estos porcentajes corresponden al agua residual municipal recolectada, no a la totalidad de las aguas residuales generadas en el país.
Tratamiento de aguas residuales
Para Armenta González, la agenda hídrica debe integrar el abastecimiento con la recolección, el saneamiento y la reutilización. La búsqueda de nuevas fuentes y la ampliación de las redes de distribución atienden una parte del problema; la siguiente comienza cuando el agua ya fue utilizada. “Una planta permite reducir las descargas contaminantes hacia ríos, suelos y acuíferos y, cuando existen las condiciones y procesos adecuados, generar agua que puede ser aprovechada nuevamente en determinadas actividades”, explica.
El reúso de agua tratada, agrega el presidente del Consejo de Administración de RECSA, permite sustituir agua de primer uso en actividades urbanas, industriales, agrícolas o ambientales, siempre que se cumplan las condiciones técnicas correspondientes. En regiones con estrés hídrico, este aprovechamiento puede reducir la presión sobre las fuentes naturales y contribuir a reservar una mayor disponibilidad para el abastecimiento humano. Su potencial depende de que el tratamiento alcance la calidad necesaria para cada destino.
Infraestructura y mantenimiento
El funcionamiento de una planta requiere una infraestructura que conecte cada etapa: redes de recolección y conducción, colectores y sistemas de bombeo cuando la topografía lo demande, además de mantenimiento y monitoreo permanentes. La continuidad operativa es decisiva para convertir la inversión en resultados, subraya Armenta González: “Construir es sólo el comienzo. La verdadera prueba de una obra llega durante los años siguientes, cuando debe operar todos los días con eficiencia y cumplir la función para la cual fue concebida”.
Cerrar la brecha de tratamiento exige, desde esta perspectiva, modernizar la infraestructura existente y elevar su eficiencia, junto con ampliar la capacidad donde sea necesario. Para el directivo, aprovechar el agua residual significa recuperar un recurso con utilidad para otras actividades y disminuir las descargas contaminantes. El objetivo es que el saneamiento y el reúso formen parte de una misma estrategia: generar valor con el agua ya utilizada y reducir la necesidad de nuevas extracciones.


