Ciudad de México, a 16 de febrero de 2026.- En 1695, mientras la vida del “Fénix de América” se apagaba en el Claustro de San Jerónimo, se gestaba, décadas después, uno de los retratos más influyentes de Sor Juana Inés de la Cruz. La pintura realizada en 1750 por Miguel Cabrera —nacido en Antequera, Oaxaca— es hoy una joya patrimonial que, como escribió Octavio Paz, erige “el espacio de un rito” donde la monja se ofrece y se distancia a la vez.
El óleo forma parte de la colección del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec y es el eje del proyecto “Una imagen de aliento y cenizas. El retrato de Sor Juana entre la materia y la memoria”, impulsado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Nacional Autónoma de México. Del 3 al 13 de febrero, el público presenció, en tiempo real, el examen científico de la pieza.
Especialistas aplicaron técnicas no invasivas de imagenología y espectroscopía para conocer materiales, métodos de aplicación y el estado físico-químico del óleo, información clave para su conservación y futura exhibición en la Sala 3, dedicada a la formación de la identidad criolla.

Alianzas científicas para el patrimonio
El Departamento de Restauración del museo trabajó con el Instituto de Física de la UNAM, a través del Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural y el proyecto MAPEoS, con apoyo del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Museos. La colaboración permitió integrar historia del arte, ciencia y curaduría.
De acuerdo con el director del museo, Salvador Rueda Smithers, Cabrera se inspiró en un retrato previo del español Juan de Miranda. Ambos muestran a Sor Juana en su treintena, ya reconciliada con la clausura. La postura —sentada, con la mano derecha sobre un libro y la izquierda sosteniendo un rosario— refuerza una imagen de espiritualidad e inteligencia que consolidó el canon visual de la poeta.
Durante la primera semana se capturaron imágenes en espectro visible y ultravioleta para observar pinceladas, veladuras y alteraciones superficiales. En la segunda, la fluorescencia de rayos X y la reflectancia por fibra óptica identificaron pigmentos, colorantes, aglutinantes y la base de preparación. Los resultados preliminares revelaron pentimenti: cambios en el tamaño del tintero, el gesto de la mano izquierda —“más galante que devoto”—, el largo del hábito y hasta títulos de libros del fondo.
El análisis de datos tomará tres meses y derivará en una publicación comparativa con otras obras del pintor, incluso con piezas del Museo del Prado. Para los especialistas, conocer a fondo los recursos técnicos de este óleo —de 2.10 por 1.50 metros— abre una comprensión renovada del retrato novohispano y de la maestría de Cabrera en uno de los íconos culturales de México.




