CIUDAD DE MÉXICO, a 22 de abril de 2026.— Lo que las plantas usan para defenderse del sol y los hongos podría producirse pronto sin necesidad de cosechas masivas ni procesos contaminantes. El resveratrol, una molécula presente en uvas, moras, arándanos y cacahuates, ya se genera en laboratorio mediante bacterias modificadas, en un desarrollo impulsado en México que incluso ya cuenta con patente nacional.
Este compuesto funciona como una especie de “escudo natural” en las plantas, pero también ha sido estudiado por sus efectos antioxidantes en humanos, asociados a la prevención de enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y padecimientos del sistema nervioso.
El avance fue encabezado por Guillermo Gosset Lagarda, investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM, y se basa en un trabajo de maestría realizado en 2016 por José Miguel Camacho Zaragoza. Junto con su equipo, lograron replantear la forma de producir esta molécula sin depender de grandes volúmenes de fruta.
Producción más limpia
Tradicionalmente, el resveratrol se obtiene de la piel de las uvas mediante procesos químicos que resultan costosos y poco eficientes, se requiere una gran cantidad de materia prima para obtener apenas pequeñas concentraciones. Además, este método genera residuos como bagazo y utiliza solventes que pueden resultar contaminantes.
Frente a este panorama, el equipo desarrolló una alternativa basada en ingeniería genética. A partir de una cepa común de Escherichia coli, se generaron dos variantes modificadas con genes de la vid. Cada una cumple una función específica: una transforma glicerol en ácido cumárico y la otra convierte este compuesto en resveratrol.
El proceso se realiza en un medio simple compuesto por agua, sales minerales, glicerol y ácido cumárico, lo que reduce tanto el uso de químicos como la generación de desechos. En condiciones de laboratorio, han logrado producir hasta 74.3 miligramos por litro, un dato que muestra el potencial de esta tecnología.
La innovación y la patente abren la posibilidad de escalar su producción a nivel industrial. Para lograrlo, será necesario optimizar el proceso en grandes fermentadores, con apoyo de ingenieros bioquímicos.
De concretarse, esta alternativa no solo permitiría reducir costos, sino también disminuir la presión sobre cultivos utilizados para extraer esta molécula. Además, podría derivar en el desarrollo de una empresa o en su licenciamiento a la industria.




