Por Melisa Herrera
CANCÚN, QRoo, a 01 de octubre de 2026.- Este 2026 dejó de ser un año más de sargazo para convertirse en el año que rompió todos los registros. La llegada masiva del alga obligó a redoblar jornadas de limpieza y exhibió la dimensión de un problema que ya rebasó la capacidad de respuesta en las playas. Así lo planteó en Cancún José Luis Samaniego Leyva, de la Subsecretaría de Desarrollo Sostenible y Economía Circular de la Semarnat, durante la apertura de la Conferencia Unión Europea-Caribe Global Gateway sobre Sargazo, a la que acudió en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la secretaria Alicia Bárcena.
En mayo el Atlántico se pintó de café. Entre 35 y 45 millones de toneladas húmedas flotando como una isla enorme que viene caminando hacia nosotros. Esa ola nos cayó entera en México: cuatro veces más que en 2025 y entre 25 y 27 veces más que lo que veíamos en un año normal.
En Quintana Roo ya rompimos nuestro propio récord sin querer. El año pasado presumimos —con dolor— 33 mil 782 toneladas retiradas. Este año, con la temporada todavía a medio camino, ya vamos en más de 123 mil.
Y el problema no es solo estético. El sargazo que permanece acumulado y se descompone en la playa libera sulfuro de hidrógeno, responsable del característico olor a huevo podrido y de molestias en las vías respiratorias, además de metano, un gas con un potencial de calentamiento muy superior al del dióxido de carbono.
A eso se suman la erosión de las playas, la afectación de arrecifes, pérdidas para la pesca y una presión cada vez mayor sobre la actividad turística. Samaniego fue claro: ningún país puede resolver por sí solo un fenómeno de esta magnitud. La respuesta, dijo, tendrá que ser regional y coordinada en todo el Caribe.
México cambia el juego contra el sargazo
México, al menos en el papel, decidió dejar atrás la lógica de reaccionar cuando el sargazo ya está en la orilla y pasar a una estrategia más amplia. Semarnat, Marina, la Secretaría de Ciencia, el gobierno de Quintana Roo, los municipios y el sector privado comenzaron a trabajar bajo una misma ruta. El cambio se concentra en tres frentes.
Primero, dejar de esperarlo con rastrillo en la orilla e ir a atajarlo donde debe ser: mar adentro. Con respaldo directo de Presidencia, Marina va a ejercer más de 2 mil millones de pesos para armarse de verdad: 50 kilómetros de barreras, un muelle en Puerto Juárez y una flota nueva de sargaceros oceánicos y semioceánicos. De entrada, con 768 millones, ya pasamos de recoger 270 a mil 860 toneladas diarias en aguas abiertas. Cuando caiga el resto del presupuesto, la meta son tres mil toneladas por día. Cada tonelada que agarras flotando es una tonelada que no se pudre en la arena y que llega a la industria limpia y utilizable.
Segundo, le quitamos el estigma legal. Antes el sargazo era basura, un residuo que solo generaba costo y papeleo para tirarlo. En agosto del año pasado Semarnat, Agricultura e Imipas se pusieron de acuerdo y actualizaron la Carta Nacional Pesquera. Ahora el sargazo es recurso pesquero con potencial de desarrollo. Se puede salir a pescarlo en altamar con permiso de fomento, como si fuera pesca. Eso abre la puerta a un potencial de hasta 945 mil toneladas anuales de sargazo seco, ya no como desperdicio sino como materia prima.
Tercero, ya le pusimos casa y fábrica. El 27 de junio salió en el Diario Oficial el Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar en Puerto Morelos. Casi 40 hectáreas en el corredor Cancún-Playa del Carmen, trabajando con ejidos mayas de la zona. Ahí se podrán procesar hasta 4 mil toneladas diarias. ¿El gancho? Quien se instale puede deducir el 100 por ciento de su inversión en activos fijos. Ya hay 98 iniciativas en el radar nacional, 38 que ya venden algo y 11 que están listas para crecer en serio.
Al cierre, Samaniego puso sobre la mesa uno de los compromisos más ambiciosos de la estrategia regional. México, la Unión Europea, Granada y República Dominicana acordaron recolectar y procesar al menos 660 mil toneladas de sargazo entre 2026 y 2027. La meta es alta y, para que no se quede solo en el anuncio, advirtió que todavía hay cuatro grandes obstáculos por resolver. El primero es unificar los sistemas de monitoreo y pronóstico. También deberán establecer criterios comunes sobre los niveles permitidos de arsénico y metales pesados, resolver la logística para trasladar y almacenar grandes volúmenes sin disparar los costos y construir esquemas internacionales de financiamiento que reduzcan el riesgo para quienes quieran invertir.
Samaniego también abrió otra puerta, la de convertir el problema en una oportunidad económica. Si el sargazo se captura antes de que se descomponga y libere metano, y esa reducción de emisiones puede demostrarse científicamente, podría generar créditos en los mercados voluntarios de carbono. El potencial crece si además se aprovecha para sustituir fertilizantes químicos, diésel, cemento u otros insumos. La apuesta es que retirar sargazo deje de ser únicamente un gasto de limpieza y pueda convertirse también en materia prima, inversión y negocio.



