Por Staff
TULUM, Q. Roo., a 18 de junio de 2026.- Mucho antes del surgimiento de la gran civilización maya, grupos humanos ya recorrían la actual península de Yucatán. La evidencia de su existencia permanece resguardada en las profundidades de los cenotes y cuevas sumergidas de Quintana Roo, donde investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han recuperado algunos de los restos humanos más antiguos de América.
Al frente de una parte fundamental de estas investigaciones se encuentra la arqueóloga subacuática Carmen Rojas Sandoval, coordinadora de los estudios de La Mujer de Las Palmas, uno de los descubrimientos más emblemáticos de la arqueología mexicana reciente.
La Mujer de Las Palmas y el misterio de Tulum
Gracias a décadas de exploración y análisis multidisciplinarios, el equipo encabezado por la investigadora ha logrado recuperar y fechar diez esqueletos humanos, cuya antigüedad alcanza hasta los 14 mil años, aportando información invaluable sobre los primeros pobladores de la región.
Entre los hallazgos destaca La Mujer de Naharon, con una antigüedad estimada de 13 mil 720 años, seguida por El Abuelito de Muknal, con 13 mil 346 años, y otros individuos como Naia, Chan Hol y la propia Señora de Las Palmas, cuyos restos ofrecen pistas sobre la vida humana durante el periodo conocido como Paleolítico.
La historia de La Mujer de Las Palmas cobró notoriedad internacional tras la difusión de una recreación facial elaborada mediante tecnología 3D y arte digital por especialistas franceses. El esqueleto fue localizado en una cueva sumergida de Tulum por el explorador James Coke y posteriormente estudiado por un equipo multidisciplinario que logró determinar que la mujer vivió hace aproximadamente 12 mil años.

Uno de los aspectos más sorprendentes del hallazgo fue el excelente estado de conservación de sus restos. La arqueóloga explicó que el esqueleto fue encontrado completamente articulado, en posición flexionada, lo que sugiere la existencia de prácticas funerarias intencionales entre los grupos humanos que habitaban la región.
Los especialistas consideran que su cuerpo pudo haber sido colocado cuidadosamente en el interior de la cueva mediante algún tipo de envoltura elaborada con pieles o fibras orgánicas, una práctica utilizada por antiguos grupos nómadas para proteger a sus difuntos.
Cuevas sumergidas, archivos de la prehistoria
Para Carmen Rojas, estos descubrimientos representan una oportunidad única para comprender una etapa de la historia prácticamente desconocida y muy anterior al desarrollo de las grandes ciudades mayas.
“Cada hallazgo nos permite recuperar fragmentos de la memoria humana. La gran derrota es el olvido”, ha señalado la investigadora al destacar la importancia de preservar y estudiar estos vestigios que ayudan a reconstruir los orígenes de los habitantes de la península.
Hoy, los cenotes de Quintana Roo no sólo son una maravilla natural; también constituyen uno de los mayores archivos arqueológicos sumergidos del continente, capaces de revelar capítulos fundamentales sobre los primeros seres humanos que caminaron por estas tierras.




